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martes, 6 de septiembre de 2011

"Chicago" por Juan Villoro

Últimamente no he escrito mucho, es decir; nada. Ya sea por mis ocupaciones o lo descuidada que se ha vuelto mi musa. En fin, algunos de ustedes ya se habrán dado cuenta de mi fijación por los taxistas y si, el fragmento que les comparto es sobre ellos.


Chicago

–Está duro el frío, ¿verdad? –el taxista me miró por el espejo retrovisor–. Y esto no es nada. Si le dijera la de fríos que he pasado...

Los taxis son espacios narrativos donde no se necesita otro estímulo que el silencio para que el conductor comience a hablar. Me dispuse a oír un monólogo sobre las bajas temperaturas, pero el discurso tomó otro rumbo:

–¿Usted conoce Chicago?
–No.
–Ah caray, ¿cómo le explicaré pa’ que me entienda?
–¿Hace mucho frío? –traté de volver al tema.
–Ni se imagina. Es una ciudad canija, de veras canija. ¿Pero cómo le digo? –se pasó la mano por el pelo, de un negro azulado; en el dorso tenía un tatuaje, una virgen de Guadalupe en miniatura. Le pregunté si se lo había hecho en Chicago.

–Obvio, mi jefe –contestó con total desinterés– ¿Cómo le digo?–insistió, sumido en cavilaciones–. Mire, a ver si me agarra la onda. Chicago es más o menos del vuelo del DF. Si sube al Ajusco, ve luces hasta La Villa, nomás que ahí hay unos radares gigantes. Todo es muy distinto. Haga de cuenta que está en el Estadio Azteca. ¡Qué América ni qué nada! ¡Es la cancha de los Osos! Desde el estadio se puede ir hasta Chapultepec en un tren de poca madre. Sólo que en Chapultepec no hay bosque sino unos lagos tan grandes que no se ve la otra orilla. En invierno, el viento de los lagos te corta las manos. Es el factor de congelación, que le llaman. ¿Ha visto los cisnes negros de Chapultepec? Bueno, pues allá hay patos salvajes. Vienen en bandadas desde Canadá, o al revés, se van para allá. Los rascacielos son tan altos que los patos no llegan a las azoteas; tienen que volar entre los edificios. Ahí Paseo de la Reforma se llama la Milla Magnífica. ¡No sabe qué torres! Ochenta pisos de puro cristal. Se necesitan unos huevotes para trabajar de limpiavidrios. A esos cuates les dicen “la fuerza aérea”, ¡pura jerga de altura! Un cuñado mío apenas aguantó un día en un andamio. Y ni pagan tanto, no se crea. El cuate que conectó a mi hermano vive en un lugar pinche, allá por el norte, haga de cuenta por Ecatepec. Pero allá Ecatepec está lleno de negros y hay un chingo de tiendas que abren toda la noche, con eso de que muchos trabajan todo el día. ¿Sabe qué me impresionó? Esas tiendas son de chinos o de coreanos. Ecatepec es negro pero las tiendas las dominan los orientales, ¿cómo la ve? Ellos viven en otra zona, haga de cuenta Ciudad Satélite. No, si le digo, usted se mete a Satélite y ve puros ojitos rasgados. Eso sí, los negros traen mejores carros. A los chinos les vale madres, no gastan en nada. Si usted entra a Plaza Satélite, todos están comprando fideos o unas chanclas que dan pena. Imagnínese: ¡levantar un buen billete para andar en chanclas! Pero le estaba diciendo que a mi cuñado se le frunció en las alturas. De pronto me dice: “rifarme el físico para vivir como negro, ¡ni madres!”. Ya le dije que su amigo el que lo conectó vivía en el Barrio de la Sombra, como le dicen a Ecatepec. Eso sí, hay colonias negras que mis respetos. ¿Ha subido por Las Águilas? Bueno, ya casi hasta arriba hay unos departamentos de lujo. Ahí viven los negros ricos. Está un poco lejos pero cada edificio tiene gimnasio y alberca cerrada. Con el friazo que hace se antoja una nadadita, viendo la nieve que cae afuera. Eso sí, no sabe el tráfico que hay para llegar a Las Águilas. Allá el Periférico se embotella a las cinco de la tarde y cuando nieva, peor. Chicago es bonito pero cabrón. Con decirle que viví en una ratonera donde nos cobraban la calefacción. Había que echar quarters en la ranura de una máquina. Yo traía una chamarra bien lanuda, y ni así. Si no echas tu moneda te congelas, es la ley. ¿Qué le iba a decir? Ah, que vivía en un lugar jodidón pero céntrico. Haga de cuenta La Merced. ¡Chingos y chingos de naves industriales! Los chicanos viven por allá, luego luego se conoce, por los altarcitos con la virgen de Guadalupe. Hasta en invierno les ponen flores, de plástico, claro, si no imagínese. Si usted agarra de ahí hacia el Zócalo pasa por un chingo de pizzerías de italianos. En la plaza de Santo Domingo hay una sinagoga y unos carritos que echan humo y huelen resabroso. El primer día pensé: “tortas, qué a toda madre”. Niguas. Te venden unas roscas de harina, ¡más duras las hijas de la chingada! Si sigues hacia el Zócalo y vas caminando y es invierno, ¡ya te congelaste! Hay que ir en metro. Los túneles atraviesan toda la ciudad. Una vez caminé como de la Roma a la Buenos Aires, así bajo tierra, bien padrote. Ya ve que aquí el metro lleva pura raza, pues ahí hay de todo, ejecutivos muy acá, con portafolios de importancia, ¡y cada vieja! A una estación, haga de cuenta Pino Suárez, le decíamos el Nalgódromo. Como le iba diciendo, si va de Santo Domingo al Zócalo atraviesa unos comercios supermodernos, como cajas de cristal conectadas por puentes, y luego ya llega a la plaza y pues no hay catedral ni bandera ni palacio ni nada. Ah, caray, como que me agarró la nostalgia.

–¿De Chicago?
–N’ombre, de México. De pronto me sentí en el Zócalo de allá. Viera qué distinto es. –
Me quedo en la esquina.
–No sé si me di a entender, mi jefe. ¡Es que como usted no conoce Chicago!

Descendí en una calle cualquiera. El taxista se persignó con el billete y arrancó rumbo a los vientos de Chicago, Distrito Federal.

martes, 22 de marzo de 2011

De taxistas II

Esta foto la tome ayer en un taxi. El taxi de mis sueños debo agregar.

El chófer se limito a preguntar hacia donde nos iba a llevar, arranco y la siguiente frase que salio de su boca fue un muy amable: buenas tardes. Creo que debo conseguir mi versión de esta calcomanía, diría algo así: Arranque, cállese, y cóbreme justamente.

Tipos de Taxistas.

1.- Rápido y furioso.

Es aquel que apenas cierras la puerta arranca como alma que lleva el diablo, frena, patalea si alguien se le mete y te voltea a ver por el retrovisor con mirada de pocos amigos.

Pros: Llegas rápido a tu destino y no es muy platicador.

Contras: Te llevaras mas de un susto y es por mucho el taxista más propenso a los accidentes.

2.- El prudente.

Desesperante. Por lo general ya son personas de edad avanzada. Es la contra-parte del Rápido y furioso.

En un taxi a 60 km/h en circuito interior. Todos los carros nos rebasan mientras tocan el claxon.

Taxista: ¿Que locos no joven?

Yo: Aja.

Taxista: Luego por eso ocurren los accidentes, digo... esta es una velocidad aceptable 60, ni muy lento ni muy rápido... ¿no cree?

Yo: zzzzz....

Pro: Seguridad al volante total.

Contras: Si tienes prisa, olvídalo llegaras mas rápido corriendo.

3.- El indiscreto.

Este tipo de taxista te sacará toda la verdad acerca de tu vida sin siquiera notarlo.

Yo: Buenas tardes, a Eduardo Molina y Consulado por favor.

Taxista: Ok joven. ¿Ya a descansar?

Yo: Si

T: Ah... ¿trabaja en el ISSSTE?

Y: (El edificio enorme con el logotipo del ISSSTE está enfrente de nosotros y me acaba de ver salir de el) ... Si.

T: ¿Y qué tal el sueldo?

Y: Bien.

T:mmm... sobre todo por las prestaciones ¿no?

Yo: Si.

T: Lo bueno es que ya se va a descansar con su esposa e hijos.

Y: No tengo... (¡rayos! caí en su trampa)

T: ¡Como joven! yo a su edad ya hasta me había separado... pues ¿cuántos años tiene? ¿ unos 28?

Y: Aja.

T: ¡No joven ya se le esta llendo el tren!

Y: -_-

Pros: Olvídense de la visita al psicólogo con unos 30 min. de trayecto, todo arreglado.

Contras: No existe manera (educada) de cortar la conversación de estos taxistas.

lunes, 12 de julio de 2010

De taxistas


Pobre de mi papá… después de vivir un tiempo en España lo veo caminar con un coraje entripado por las calles del glorioso D.F. Solo veo que mira extrañado tanto cable de luz y parece cruzar las avenidas como si se tratase de Superman “Ellos tienen que cederme el paso… ¡yo soy el peatón!” mientras un Bora con Wisin y Yandel (no es que sepa quiénes son :)) se aleja a toda velocidad.

Ahora que está haciendo uso del transporte público ya lo empezaron a asaltar los taxistas… benditos taxistas. Por diversas cuestiones hago uso del servicio de taxis, unas veces porque ya se me hizo tarde para el trabajo, otras porque ya es muy tarde para regresar de casa de pao en metro.


Eso de subirse a coche ajeno y tenerle que hacer la plática a un desconocido no se me da… soy de esos tipos que van absortos en el sonido del Ipod y si me subo a un taxi digo lo mas rápido que puedo “Almetroescuadrón201Av.AñodeJuarezOficinasdelISSSTE” así… sin espacios y me pongo los audífonos. No es que sea grosero, ni payaso... solo quiero ahorrarme decirme al bajar del coche: "Esto es todos los días".


1.- El atajo.


Por una extraña razón no me subí al metro… vengo sobre Zaragoza a vuelta de rueda observando la peregrinación. (Y si me bajo en el metro… no, ya me voy aquí.) Veo a una señora con un bebé en brazos y agarrando una torta que le ofrecen al pasar.


Taxista: Oiga joven… oiga joven.

Yo: Eh! ¿Perdón?

T: ¿Y si nos vamos por un atajo que yo conozco?

Y: mmm… ¿por dónde?

T: Por aquí, nada más me meto en unas calles y llegamos al aeropuerto, es que si no nunca vamos a llegar.

Y: Bueno.


15 minutos después el taxi se paro, se subieron dos tipos, me golpearon me quitaron el celular y me abandonaron en Dios sabe dónde. Camine hasta llegar a Zaragoza… me dieron una torta de jamón, un plátano y un atole (bueno… tenía hambre) y mientras me sobaba la cara por el golpe que me habían dado escuchaba atrás de mi: “la guadalupana, la guadalupana”.


2.-Musica de los 80´s.


Otra vez se me hizo tarde.


Taxista: Buenas joven, ¿ya pal trabajo?

Yo: Sin aunque sea un ratito. (Siempre contesto lo mismo.)

T: ¿A dónde lo llevo?

Y: Almetroescuadrón201Av.AñodeJuarezOficinas delISSSTE (y me pongo los audífonos)


El taxista me ve por el retrovisor y sonríe. Yo, escucho I´m yours de Jazon Mraz… cuando de repente veo como el taxista prende su estéreo inclina su asiento y empieza a berrear (porque a eso no se le puede llamar cantar) canciones de Los Hombre G... Pufff!!!!! y para acabarla, el tráfico está a tope… después de 20 min. 3 repeticiones de “Sufre .amón” y 2 de “Vista nuestro bar” entiendo la complejidad de la música de este grupo.


Ya casi llego… ya casi llego… ya casi llego. “Martha tiene un marcapasos… que le anima el corazón, no tiene quedarle cuerda es automático”…


Taxista: Son $60.00.

Yo: ¿Ya llegamos?

Taxista: Ya joven.

Yo: Mmm… tan buena que estaba la música.

Taxista: Si verdad… si quiere me doy otra vuelta.


3.- Caricaturas Japonesas.


Me subo al taxi, el conductor un señor de unos 65 años.


Yo: Buenas… ya pal trabajo.

Taxista: Hacia donde me dirijo joven.

Yo: al metro escuadrón 201, por favor.

Taxista: Entonces, ya a trabajar ¿aunque sea un rato no?

Yo: (¿Y ahora que digo?) …eh… aja.

Nos detenemos en un semáforo y volteamos al mismo tiempo. Un señor de unos 40 años esta recargando sus dos manos sobre un árbol enorme con los ojos cerrados y recitando algo en voz baja.

Taxista: Joven… hay que unir nuestro “ki”… para la “genkidama” del señor.

Yo: Jajajajajajajajajajajajaja.


Y así me he encontrado con cuñados de boxeadores famoso que me han invitado a la fiesta que va a ofrecer en pleno tepito, amantes de la K buena, Señores que al saber que trabajo en el ISSSTE empiezan a hablar pestes del gobierno y un largo etc.